Columna Descomplicado/Jorge Robledo
La semana pasada recorrí Mérida, Yucatán. Una capital que se ha convertido en el motor económico del sureste y que hoy exhibe un rostro urbano muy distinto al de Villahermosa.
En Mérida, las avenidas son amplias y fluidas, sin baches que interrumpan la movilidad. El transporte público es moderno, eficiente y de primer nivel: autobuses climatizados, rutas claras y unidades que sustituyen al viejo esquema de triciclos o “pochimóviles” que aún dominan en Tabasco.
El tráfico es intenso, sí, pero responde a una movilidad real, a una ciudad que crece y se conecta.
La infraestructura sorprende: edificios altos, incluso un rascacielos, y una red de plazas comerciales que reflejan un comercio de alto nivel. La economía se siente galopante, con inversiones visibles en cada esquina.
En las calles, muy pocas motocicletas y un orden vial que contrasta con el caos cotidiano de Villahermosa. Y no es solo la capital: los municipios cercanos están conectados por autopistas modernas, auténticos corredores de movilidad que por su fluidez la conexión con la capital, es casi lo mismo.
Ahí están las obras de la Supercarretera del Golfo, con una inversión inicial de 40,000 millones de pesos, que enlazará la Península con la frontera norte mediante carreteras de cuatro carriles; la modernización de más de 1,558 km de tramos federales como Mérida–Progreso, Mérida–Tizimín y Mérida–Celestún; el distribuidor vial de Conkal y la ampliación Mérida–Celestún con más de 500 millones de pesos invertidos; y la reconstrucción del Puente Yucalpetén II para reforzar la conectividad costera. Todo esto convierte a Mérida en un núcleo metropolitano que integra a su entorno y lo proyecta hacia adelante.
Mientras tanto, mi ciudad, Villahermosa permanece aislada, atrapada en carreteras rotas, sin ampliación y saturadas. La inversión federal y estatal ronda los 7,000 millones de pesos en 2026, con proyectos como el plan metropolitano Villahermosa 2030, la rehabilitación de vías en Comalcalco–Cunduacán y la ampliación de la carretera Macuspana–Chetumal de 300 km, prevista para concluirla en el 2028. Se anuncian, solo eso, obras como el Puente Los Monos y el Libramiento Sur, pero siguen en planeación.
Más de 713 km de red federal reciben bacheo y conservación rutinaria, hasta ahí, aunque los problemas persisten en tramos críticos como Villahermosa–Centla o Villahermosa-Escárcega donde los baches son constantes y el rezago es evidente.
La comparación es contundente: Mérida presume avenidas limpias, autopistas modernas y transporte digno, mientras Villahermosa sigue atrapada en la precariedad, con calles en mal estado, saturación de motocicletas y proyectos inconclusos.
Mérida está a años luz de nosotros. No se trata de envidia, sino de vergüenza. Vergüenza de ver cómo una ciudad hermana del sureste avanza con planeación, inversión y visión, mientras Tabasco permanece en el rezago. Mérida demuestra que sí se puede construir un entorno urbano moderno y funcional.
Villahermosa necesita despertar, exigir y planear, porque la ciudadanía merece salir del rezago que durante años, ha ido creciendo. Los capitalinos merecemos una ciudad que funcione de verdad.