Columna Descomplicado/Jorge Robledo
La principal nota se la llevó el acuerdo petrolero firmado entre Estados Unidos y Venezuela, un acuerdo petrolero que no solo es histórico por su alcance económico, sino también por el contexto político en el que se da.
Donald Trump declaró estar contento con el gobierno con el que está trabajando, encabezado por Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Ese respaldo público es significativo porque muestra que Washington reconoce y legitima a la nueva administración … pero al mismo tiempo, deja en evidencia que Venezuela sigue teniendo una elección democrática pendiente.
La transición política no está cerrada, y la legitimidad del nuevo gobierno depende de que se convoque a un proceso electoral transparente que dé voz a la ciudadanía.
Este contraste es clave. Por un lado, el acuerdo promete según información oficial de ingresos de más de 209,000 millones de dólares y una producción de 1.5 millones de barriles diarios, lo que podría significar un respiro económico para un país devastado por la crisis.
Por otro, la falta de elecciones genera incertidumbre: ¿será este pacto un puente hacia la reconstrucción democrática o un mecanismo para consolidar un poder interino sin mandato popular? En este escenario, la voz de María Corina Machado, líder de la resistencia, sigue presente y recordando que la transición no puede limitarse a un convenio energético, sino que debe incluir garantías políticas y sociales.
El riesgo es que el petróleo vuelva a ser utilizado como herramienta de legitimación política. Si los beneficios se concentran en élites o se usan para sostener un gobierno sin elecciones, la ciudadanía quedará nuevamente al margen.
La verdadera prueba será si los ingresos se traducen en servicios, empleos y estabilidad, y si se abre el camino hacia una elección que devuelva a los venezolanos la posibilidad de decidir su futuro.
En ese sentido, el acuerdo es tanto una oportunidad como una advertencia: por un lado, la riqueza petrolera que puede ser motor de reconstrucción, pero también esto puede convertirse en un nuevo instrumento de dependencia y control.
Ese es el riesgo que se vislumbra y qué al parecer está ocurriendo actualmente, y que quede en pendiente la democracia que le urge a Venezuela porque no todo es dinero, es también tener un país que debe volver a ser libre, democrático y soberano.