Columna Descomplicado/Jorge Robledo
“Un proyecto que se oculta tras la palabra ‘seguridad’ no protege: traiciona.”
El gobierno ha decidido reservar la información del proyecto Villahermosa 2030 y de la obra en Paseo Tabasco bajo el argumento de “seguridad”. Pero, ¿seguridad de quién? ¿Del ciudadano que necesita saber, o del funcionario que teme rendir cuentas?
La transparencia no es un lujo, es un derecho. Cuando se oculta información pública, se rompe el pacto de confianza entre gobierno y sociedad. Y si la justificación es la seguridad, entonces la pregunta es inevitable: ¿qué riesgos se esconden detrás de un megaproyecto que no puede ser explicado abiertamente?
El Observatorio Urbano ha puesto sobre la mesa una alternativa: declarar Paseo Tabasco Patrimonio Cultural del Estado. Esa propuesta no solo protege la memoria urbana, también obliga a que cualquier intervención se haga con reglas claras y con participación ciudadana.
La reserva de información convierte al proyecto en un símbolo de opacidad. Y la opacidad, en temas urbanos, no protege: vulnera. Porque lo que se oculta no es un secreto de Estado, es el futuro de la ciudad.
Cuando un gobierno decide ocultar información bajo el pretexto de la seguridad, lo que realmente protege no es al ciudadano, sino a sus propios intereses.
La opacidad no es blindaje: es censura. Y un proyecto que se construye sobre secretos y contratos cuestionables no puede llamarse desarrollo, sino imposición. Paseo Tabasco no necesita ser víctima de un Villahermosa 2030 hecho de sombras; necesita ser defendido como patrimonio vivo de la ciudad. Porque lo que se oculta hoy, mañana se convierte en el símbolo más claro de la traición a la confianza ciudadana.