Columna Descomplicado/Jorge Robledo
De verdad, es lamentable la forma en que la presidenta Claudia Sheinbaum está actuando ante los grandes y graves problemas que se tienen en el país; a toda costa, sin ningún argumento de peso, los quiere ocultar o no los quiere enfrentar, se hace la occisa.
Durante 112 días defendió a capa y espada al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Ella argumentaba que no había ninguna prueba en su contra, y se negó dar cumplimiento a la solicitud de extradición que el gobierno de Estados Unidos le hizo a nuestro país. Y es que, según versiones de testigos protegidos en Estados Unidos, Rocha Moya hizo un pacto con los chapitos para que, supuestamente, aportaran dinero para las campañas de los candidatos de Morena, en las que –presuntamente– está incluida la de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El día que Rocha Moya, por decisión personal o posiblemente por sugerencia, supuestamente, de ya saben quién –dicen que es el “poder tras el trono”–, decidió regresar a la gubernatura de Sinaloa, se le vino el mundo encima. Todo el aparato gubernamental lo apabullo, al grado que apenas 34 horas después que retornó a la gubernatura de Sinaloa, tuvo nuevamente que solicitar licencia.
Esta vez Rocha se fue solo, con el repudio generalizado de sus compañeros de partido, que 112 días después lo ven como apestado; ya no le gritaron: “no estás solo” como en un inicio lo hicieron. Ahora hubiese sido: “ya estás solo”.
Hay muchas especulaciones y versiones sobre esa decisión de Rocha Moya de retornar a la gubernatura de Sinaloa: que si lo hizo por la libre, sin consultar a la presidenta Claudia Sheinbaum, que fue toda una estrategia para desviar la atención para proteger a Andy El Chilango López Beltrán, hijo predilecto de “ya saben quién” o que lo hizo por decisión propia.
La realidad es que de la noche a la mañana, Rubén Rocha Moya ya era el enemigo número uno de los de Morena; aquella expresión de diputados federales, gobernadores y dirigentes de "no estás solo, no estás solo”, se olvidó y hasta ahora ya se pide a gritos su salida del partido Morena.
La pregunta es: si la presidenta Claudia Sheinbaum dijo durante mucho tiempo que no había pruebas en contra de Rocha Moya, ¿por qué no le permitieron reincorporarse al gobierno de Sinaloa?, y ahora hasta es repudiado por sus compañeros que se rasgaron las vestiduras para defenderlo ante la solicitud de extradición del gobierno de Estados Unidos.
Es patética y lamentable la forma de actuar de la presidenta Claudia Sheinbaum, que sin ningún pudor y moralidad, todos los días, en su mañanera, miente, hace hasta lo imposible para proteger el presunto narcogobierno en que se convirtió su partido.
Desafortunadamente, tenemos un pueblo que en su mayoría no tiene conciencia, que por los apoyos económicos que le dan a través de los programas sociales, sigue diciendo que todo está bien, aunque se esté deteriorando el país.
Necesitamos que la gente piense y evalúe si realmente las cosas están mejor y si es feliz-feliz-feliz, como según la última encuesta del INEGI y que presumió la presidenta Claudia Sheinbaum, lo reconoce. Sería conveniente que le pregunten a las madres buscadora, a un comerciante extorsionado, a un desempleado, a un campesino sin apoyo para su producción, un enfermo que no recibe los medicamentos que requiere para su tratamiento porque no existen en centros hospitalarios, o a personas que viven con el temor por la inseguridad y la violencia que se registra en todo el país, si realmente están en esa condición de feliz-feliz-feliz.