Columna Descomplicado/Jorge Robledo
“El peor enemigo de
un país no es la falta
de recursos, es
la abundancia de
políticos corruptos."
Entre delincuentes la regla es clara: hoy por ti, mañana por mí. Un narco, un corrupto y un huachicolero siempre olfatearán a los suyos y saldrán a cazar en jauría.
La histeria desatada en Morena tras la cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel Andy López Beltrán revela mucho más que el estado migratorio de un virrey de patio trasero.
La pregunta que quema en los pasillos del poder no es si el junior podrá volver a ir de compras a Nueva York, sino por qué todo el aparato de Estado decidió prostituir su capital político para blindar a un solo individuo.
Es un hecho: Washington le revocó el visado a López Beltrán. Es un hecho: el afectado chilló “costo político” y acusó a Marco Rubio y Christopher Landau.
Es un hecho: Claudia Sheinbaum se puso el chaleco de fuerza y los gobernadores guindas firmaron un desplegado servil invocando la "soberanía" contra la "injerencia extranjera".
Washington, mientras tanto, calla y sonríe amparado en la confidencialidad de sus expedientes. Para rematar, Reuters destapó el verdadero terremoto: hay al menos 50 políticos y funcionarios mexicanos en la misma lista negra.
¿Por qué el repliegue suicida para salvar al "heredero"?
Hay cuatro razones que explican este repliegue de pánico.
Primera: El mito del heredero. Andy ya no es solo "el hijo del jefe". Es el engranaje clave del negocio familiar con miras a una diputación federal por Tabasco en 2027.
Perder la visa sin meter las manos los dejaba expuestos a que la mancha del sospechosismo pulverizara su narrativa electoral.
Segunda: La pirueta narrativa. Si el debate es "¿por qué Estados Unidos ha descubierto algo podrido en Andy?", Morena pierde. Pero si transforman el cochinero en "Estados Unidos ataca a la patria", el sospechoso pasa mágicamente de victimario a mártir de la soberanía.
Tercera: El pánico al efecto dominó. Si Reuters tiene razón y la guadaña del Departamento de Estado ya alcanzó a decenas de figuras del régimen, el pánico es real.
Si Washington usa el visado como látigo, hoy cae el hijo del rey y mañana cualquier gobernador o legislador con cola que le pisen. Sería la muerte de Morena como partido.
Cuarta: El ego del patriarca. José Ramiro López Obrador, secretario de Gobierno de Javier May –tío de Andy y comparsa del régimen– soltó la sopa al admitir que el golpe no es contra "el junior", sino contra "el grande". La jauría no defiende al cachorro; defiende el legado del cacique.
¿Quiénes pagarán la factura de esta comparsa?
Claudia Sheinbaum se lleva la peor parte. Al poner la Presidencia como escudo de un mirrey de partido, degradó la institución a un bufete de defensa personal.
Palacio Nacional está defendiendo a ciegas a un personaje, sin tener la menor idea de qué tipo de expediente le tienen guardado en Washington.
Los gobernadores asumieron un riesgo estúpido. Firmar un cheque en blanco en nombre de la "soberanía" los deja prendidos con alfileres.
Si el Departamento de Estado decide filtrar las verdaderas razones de la revocación, cada firma en ese desplegado se convertirá en una carta de renuncia o en una ficha bibliográfica.
La dirigencia de Morena queda al desnudo, ratificando que el nepotismo y el peso de la sangre valen más que cualquier estatuto.
Y para el resto de los políticos desvisados, el circo montado alrededor de Andy no es más que el ensayo general para construir su propia coartada de "perseguidos políticos" cuando les caiga la guillotina.
La pregunta que retrata el nivel de descomposición del régimen es simple: ¿Por qué docenas de figuras del poder empeñaron el poco prestigio que les quedaba por un solo hombre, cuando ni siquiera conocen la basura que Estados Unidos le descubrió en el expediente?
Si en Morena están tan seguros de la pureza de Andy, su reacción no es más que berrinche nacionalista.
Pero si están defendiendo a ciegas sin saber qué hay en la carpeta de Washington, lo que vimos no fue un acto de soberanía: fue el ataque de pánico de un grupo que sabe exactamente dónde está enterrado el cadáver.
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