Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Anteriormente, por el año 1920, siendo gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, las leyes eran diferentes, con respecto al combate a la delincuencia y a problemas sociales, como el alcoholismo y la drogadicción, casi no existían; el pueblo se dedicaba a trabajar, y los padres y madres de familia a educar en valores y principios a sus hijos e hijas.
Se dice en la historia de Tabasco y su población que, por cada cinco faltas que no pudiera justificar el menor de edad en la escuela, a los padres de familia se les multaba con un peso o con cárcel, en el caso, sobre todo, de aquellos padres de familia que se dedicaban a ingerir bebidas embriagantes y no a llevar a sus hijos a la escuela.
Estas medidas de las autoridades de aquellos tiempos, permitieron a los niños y niñas, ser hombres y mujeres formados en el conocimiento y la ciencia, pero sobre todo en principios y valores, pero también dejó el precedente de que los padres y las madres, son quienes deben asumir el rol de formar y educar para la vida social y sobre todo para la vida diaria, a sus hijos e hijas.
Bastaba ver a un policía en la calle y tocar a la puerta de tu casa para saber a qué iba: a aplicar la ley.
Pero al pasar los años, las autoridades fueron ejerciendo un control diferente en la población con respecto a estas normas; el abuso y los atropellos físicos, se volvieron cada vez más y sobre todo en la clase baja, en campesinos, lo cual hizo que surgieran organismos dedicados a defender los derechos de las personas; así surgen los derechos humanos, bueno, ese es su origen, porque en realidad, algunas personas comentan que surgieron para ir labrando el camino a quienes delinquen, para que no fueran tratados mal y se respetaran sus derechos como humanos.
Independientemente del origen, deberían ser estos mismos derechos humanos, los que deberían estar orientados a preservar la vida, la solidaridad, la empatía, la unidad y el trabajo colaborativo, en la sociedad y no me refiero a la sociedad dividida en clases sociales, me refiero a la sociedad, sin distingos, clases o colores; a todos y a todas.
Cuando como humanos y después como padres no hagamos distingos en los géneros sexuales de nuestros hijos y los eduquemos para vivir en comunidad, estos hijos e hijas no se molestarán en barrer su banqueta, pero también la banqueta del vecino; no se molestarán si en la calle alguien necesita apoyo y con cariño se lo brindarán; no se molestará en ver algún problema en casa o necesidad y tratará de aportar para resolverlo.
Pero, si seguimos educando y formando hijos e hijas que compiten para ver quién es más fuere y no quién más competitivo; hijos e hijas que no son solidarios y mucho menos empáticos; hijos e hijas que odian, con rencor o con checherías y berrinches, solo estaremos abonando a crear e introducir en la sociedad, hijos e hijas que por capricho traen hijos al mundo, asesinos o asesinas de amigos porque no les gustó cómo le contestó; hijos e hijas que no les van a respetar ni a ustedes mismo como sus padres y madres.
Gracias a Dios por el trabajo, la familia, los amigos, la salud; gracias a usted estimado lector y lectora por su tiempo de lectura.
P.D. ¿Hay algo tan significativo para ti que incluso podría costar un peso, pero no lo venderías por cantidad alguna?