Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Los vacíos de poder nunca duran para siempre y, tarde o temprano, alguien los llena, a empujones, mediante acuerdos de último minuto o repartiendo posiciones entre grupos que antes se disputaban el control.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido en Movimiento Ciudadano en Tabasco, donde la dirigencia estatal lleva más de año y medio operando con el periodo vencido, atrapada entre negociaciones, vetos y cálculos personales.
El mandato de la actual dirigencia expiró desde noviembre de 2024, pero la renovación quedó congelada.
En ese partido, las diferencias entre los grupos de Gerardo Gaudiano Rovirosa y Pedro Jiménez León mantuvieron paralizado al partido naranja durante meses, después vino la reconciliación y dejaron atrás la confrontación para dar paso a la construcción de acuerdos.
Sin embargo, ni siquiera así pudieron concretar la llegada de Juan Pablo de la Fuente a la presidencia estatal que hoy ocupa Pedro Palomeque.
Hubo reuniones, pactos, promesas y señales políticas, pero el relevo nunca aterrizó. La Coordinadora Ciudadana Nacional del partido naranja tampoco ayudó demasiado, pues la convocatoria simplemente no apareció y los acuerdos comenzaron a caducar por el desgaste natural de la espera.
Ahora, todo indica que quien asumirá la dirigencia, en el transcurso del mes de mayo, será la exdiputada federal Karla Rabelo Estrada.
Su eventual llegada tendría como característica importante que no surgiría de una imposición unilateral, sino de una suma de respaldos internos.
Al parecer, contaría con el visto bueno tanto del grupo gaudianista como del encabezado por Pedro Jiménez León, además del respaldo político del diputado local Gerald Washington y de Minés de la Fuente Dagdug, excandidata al gobierno estatal en 2024.
Mientras tanto, otros perfiles se fueron quedando fuera de la competencia. El caso más evidente es el de Fanny Vargas, cuya ruta política prácticamente cambió desde que asumió la diputación local en sustitución de Patricia Lanestosa.
En realidad, el problema de Movimiento Ciudadano no ha sido únicamente el retraso del relevo, sino la imagen de desorden que proyecta un partido que aspira a crecer rumbo a 2027.
Es decir, mientras Morena cuenta con una dirigencia sólida encabezada por Jesús Selván y presume una aceitada estructura, el partido naranja sigue atorado definiendo quién tendrá las llaves de la oficina estatal, mientras el tiempo se le viene encima.
Aun así, es de reconocerse que MC conserva activos importantes en Tabasco, toda vez que cuenta con tres diputaciones locales plurinominales y gobierna los municipios de Paraíso, con Alfonso Baca; Emiliano Zapata, con Armín Marín, y Tacotalpa, con Ricki Arcos.
Esto no es poca cosa para un partido que hace apenas algunos años sobrevivía prácticamente como fuerza testimonial.
Precisamente por eso, la renovación de la dirigencia se vuelve estratégica. Si Karla Rabelo logra asumir con el consenso de todos los grupos internos, Movimiento Ciudadano podría entrar a una etapa de fortalecimiento real y aspirar a incrementar su presencia en alcaldías y en el Congreso local para el próximo año.
El verdadero desafío comenzará después del relevo, ya que entonces vendrá el inevitable cónclave entre las distintas corrientes para definir el método de selección de candidatos y evitar improvisaciones que terminen convirtiéndose en derrotas anunciadas.
Además, tendrán que operar con mucho cuidado el filtro de las nuevas adhesiones políticas, porque en Tabasco nadie ignora que el grupo de Adán Augusto López Hernández busca infiltrar perfiles en distintos partidos, con la intención de colocar cuadros “experimentados” en futuras diputaciones plurinominales y desde ahí construir un bloque opositor contra el gobierno de Javier May.
Movimiento Ciudadano está frente a una oportunidad y un riesgo. La oportunidad de consolidarse como una fuerza competitiva y el riesgo de convertirse en refugio de intereses ajenos.