Columna Descomplicado/Jorge Robledo
La lección de Isabel Díaz Ayuso ante la intolerancia. Celebra mestizaje México-España.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, realizó una visita de trabajo a la Ciudad de México para asistir al encuentro “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés”, en donde defendió los cinco siglos de mestizaje entre España y México, los cuales, dijo, se han caracterizado por la esperanza, la alegría y las alianzas frente a los discursos del odio que dividen.
Recordó la figura de Isabel la Católica, a la que definió como una mujer libre y coherente que desde su fe y amor profundo por España y por la Hispanidad cambió la historia de Occidente.
También celebró que, cinco siglos más tarde, el idioma español se haya propagado por todo el continente americano, que sea la lengua materna más universal que existe y la que ha crecido más lejos de sus fronteras.
“Por eso todos los que estamos aquí́ compartimos unos apellidos, habría que ser muy zotes para odiarnos y compartir los apellidos”.
Consideró que esta historia ha sido de cinco siglos de amor, no de odio; de ahí que calificó como incomprensible que haya quien quiera vivir de ello para rehuir del presente y de sus obligaciones y, de esta manera, buscar enemigos ajenos.
La descortesía y controversia oficial
La visita de Isabel Díaz Ayuso a México fue un acto legítimo de intercambio político. Una mujer con trayectoria que vino a dialogar y recibir un reconocimiento en Aguascalientes.
Morena decidió convertir ese gesto en un campo de confrontación. La dirigencia nacional, encabezada por Ariadna Montiel, la tachó de “provocación deliberada” y “nostalgia imperial”. La presidenta Claudia Sheinbaum añadió que quienes reivindican a Hernán Cortés “están destinados a la derrota”.
Lo inverosímil es que un encuentro político se reduzca a insulto permanente. Hablar de “injerencia de la ultraderecha transnacional” frente a una visita que no buscó confrontar, sino dialogar, revela intolerancia y miedo.
La ciudadanía merece respeto, no descalificación. Convertir la presencia de una mujer en ataque ideológico es un exceso que debilita la democracia. México se fortalece con puertas abiertas y diálogo, no con discursos de miedo.