Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Arribo de Ariadna Montiel a Morena consummatum est
Todo está consumado, así podemos concebir la toma de protesta de Ariadna Montiel, extitular de Bienestar en México y una de las personas más cercanas a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la cual dejó un mensaje claro que seguramente fue recomendación desde palacio nacional: no se permitirá algún rasgo de corrupción probada para quienes aspiren a 2027, porque aunque ganen las encuestas del partido para ser alcaldes, diputados locales, diputados federales o gobernadores, no se les permitirá participar, con lo cual quedó de manifiesto, primero, que se cumplió lo que desde hace casi un mes se sabía del relevo nacional en Morena y, por otro lado, la cercanía con la primera mandataria del país, tomando las riendas del partido para que no se desquebraje por las envidias producto de las aspiraciones.
Le pongo en contexto que desde hacía un mes se venía diciendo que Luisa Alcalde, exdirigente nacional de Morena, sería relevada nada más y nada menos que por Ariadna Montiel, una persona muy cercana a la presidenta Sheinbaum, la cual cerraría la pinza para tomar las riendas del partido luego del arribo de Citlali Hernández a esta instituto político, con lo cual el grupo de los científicos comenzarían a aplicar las fórmulas para poder recomponer el tablero a su favor para 2027, dejando en claro que la lealtad de los aspirantes deberá ser hacia la presidenta en turno, porque el segundo tramo de este gobierno así lo exige para tener un retiro del poder tranquilo, con un partido que pueda seguir teniendo continuidad.
La tarea en estos momentos para Morena no es fácil, máxime cuando se tienen los escándalos provenientes de Estados Unidos, que se han vuelto figurativamente en una estocada que provoca rastros de sangre que ya olieron los tiburones de la oposición, quienes no han perdido el tiempo para construir la narrativa del principio del fin del movimiento obradorista, al posiblemente encarcelar a Rubén Rocha Moya y otros funcionarios públicos, y la confirmación de lo que han llamado un narco estado.
Razones como las anteriores descritas y otras atenuantes, hacen que el arribo de Ariadna Montiel y su discurso respecto a la corrupción, se debe entender como un mensaje para que todos quienes quieren seguir teniendo un futuro, carrera política o aspiración por el partido guinda, deberán andar derechitos para evitar los problemas que luego sean caldo de cultivo para afectar al partido por parte, tanto de Estados Unidos, que pudiera ventanear en plena campaña a un candidato morenista y con esto bajarlo de la popularidad, al tomar esa información la oposición para maximizar sus argumentos de que votarían por políticos ligados a la inseguridad.
Desde estos momentos, tanto la nueva dirigente de Morena Ariadna Montiel como la titular de la Comisión de Elecciones y Alianzas, Citlali Hernández, estarán marcando con todo la voz de la presidenta Claudia Sheinbaum en el sentido de que hay que guardar lealtad y unidad hacia la mandataria del país, por ser la presidenta, porque ella ahora es quien gobierna a México. Y es que aunque a muchos les incomode, pareciera ser que ya se empezó a aplicar aquello de que “el respecto al sexenio ajeno es la paz”, porque ahora solo se escucharon las porras de “es un honor estar con Claudia hoy”.
Además de que en su discurso Montiel Reyes, consideró que en medio del escenario internacional complejo y profundamente desafiante que se vive principalmente con el vecino país del norte, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo “ha respondido con serenidad, con constancia y con entrega cotidiana”, por lo que expuso que no está sola, porque Morena y el movimiento la acompañan.
Del mismo modo, la extitular de Bienestar estaría procurando realizar las acciones que hemos dicho aquí, que la presidenta necesita para evitar la descomposición del partido producto de las distintas tribus que surgieron cuando el líder moral de este movimiento dejó la presidencia, lo que causó cierta insubordinación con la mandataria federal a quien no le guardaron los mismos respetos que a su antecesor; por ello, la nueva dirigente enfatizó que “entre nosotros no caben adversarios”, apuntó que ellos están afuera, en quienes alzan el dedo sin pruebas, y “quienes ven en una eventual división interna de Morena, su única posibilidad de derrotarnos”. Pero al igual que pasó en elecciones previas, sentenció: “Van a morder polvo nuevamente”.
Con esta nueva dirigencia, la presidenta de México, como dijimos la vez pasada: dijo adiós a la sana distancia del partido y ha comenzado a mostrar las nuevas reglas del juego para quienes quieran acompañarla en el segundo tramo de su administración. Sabe que se necesita de un partido cohesionado pero sobre todo cuidar las formas y perfiles, para evitar que les reviente una mala acción de un candidato en pleno proceso electoral que provoque la pérdida del plano electoral que ha obtenido su partido.