La agenda en red
La reciente controversia en Emiliano Zapata no fue solo un pleito de feria. El presidente municipal, Armín Marín Sauri, quedó expuesto en medio de acusaciones de “venganza política” y señalamientos contra el aparato estatal.
Lo grave no fue la disputa en sí, sino la reacción de su propio partido: Movimiento Ciudadano lo dejó solo. Ni la dirigencia estatal ni el delegado nacional, Pedro Jiménez León, salieron a respaldarlo. Prefirieron no enredarse, guardar silencio y mirar hacia otro lado.
Ese abandono revela más que prudencia. Exhibe un cálculo político que coloca a los tabasqueños como fichas en un tablero de poder. La omisión se suma a una serie de señales que apuntan a una relación cada vez más tersa con Morena.
Y no es casualidad: los vínculos de Pedro Jiménez con Javier May vienen de tiempo atrás, y hoy resurgen como parte de un entendimiento que parece más transacción que convicción.
La familia Vargas y otros cuadros cercanos al delegado nacional se acomodan en esta lógica. Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo MC deja de ser alternativa real y se convierte en un partido que administra diferencias, en vez de defender causas.
El riesgo es claro: que rumbo al 2027, Tabasco no tenga oposición real, sino un reparto de posiciones entre quienes ya gobiernan y quienes aspiran a hacerlo.
Pedro Jiménez puede insistir en que su estrategia es prudencia. Pero lo que se ve es otra cosa: un político que busca llegar al poder, aunque para ello nos convierta a los tabasqueños en mercancía negociable.
¿Acaso queremos partidos que nos representen o partidos que nos vendan al mejor postor?
Usted tiene la última palabra.




