Los notables
Hay quienes creen que todo se resolvería con la salida de Guadalupe Taddei. Se equivocan.
El problema no es una persona. El problema es la captura de las instituciones. Cuando una parte importante de la ciudadanía percibe que los nombramientos responden más a intereses políticos que al mérito, la confianza empieza a derrumbarse. Y cuando la confianza se pierde, también se debilita la democracia.
Las críticas no se limitan solamente al INE ni a su presidencia. Alcanzan a una estructura política que, según la oposición, han concentrado cada vez más poder, reducido contrapesos y colocado perfiles cercanos en espacios clave de decisión.
Por eso, aunque mañana hubiera un relevo en la presidencia del instituto, las dudas seguirían ahí.
Lo preocupante no es un nombre. Lo preocupante es que millones de mexicanos ya no están seguros de que las instituciones actúen con plena independencia.
La democracia no muere de golpe. Se desgasta poco a poco. Con nombramientos cuestionados. Con facultades concentradas. Con decisiones que alimentan la sospecha.
Ya los ciudadanos han dejado de creer en sus árbitros, el problema deja de ser electoral para convertirse en una crisis de confianza nacional.
Lo que al final, lo grave no es que quién dirija a una institución como el INE, lo grave es que la gente ha dejado de creer en ella. Y ese daño es irreparable.




