Columna Descomplicado/Jorge Robledo
En Tabasco, cada temporada de calor extremo se repite la misma historia: transformadores que revientan, colonias enteras sin electricidad y ciudadanos que, desesperados, bloquean calles y carreteras para exigir lo que debería ser un servicio básico.
La Comisión Federal de Electricidad responde de manera reactiva, corriendo de un lado a otro para reparar lo que truena. Pero el problema no es coyuntural, es estructural: infraestructura insuficiente y falta de mantenimiento preventivo. Los equipos no soportan la carga de ventiladores y aires acondicionados en un estado donde el calor no da tregua y las temperaturas superan los 40 grados de manera regular.
A esta precariedad se suma otro golpe: los cobros excesivos. Las familias sacrifican hasta lo indispensable con tal de pagar el recibo de la luz, porque saben que sin energía no hay ventilador, no hay aire acondicionado, no hay descanso. La paradoja es cruel: se paga caro por un servicio que falla constantemente.
No se vale que, año tras año, los ciudadanos tengan que protestar para ser escuchados. No se trata de apagar protestas cada vez que falla un transformador, sino de garantizar un servicio digno y estable.
El llamado es urgente: la autoridad federal debe invertir en Tabasco, modernizar su red eléctrica y atender con seriedad lo que ya es un problema recurrente. La energía no es un lujo: es salud, es calidad de vida, es dignidad.