Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Ayer hablamos de los recurrentes apagones en Tabasco, esos cortes de luz que se han vuelto parte de la rutina y que afectan hogares, comercios y escuelas sin explicación clara.
La reacción ciudadana fue inmediata: recibí mensajes y quejas que apuntan a un mismo lugar, la percepción de que la CFE no solo falla en el servicio, sino que además está marcada por la corrupción.
Los testimonios son contundentes: trabajadores que llegan sin identificarse, trámites que deberían ser gratuitos convertidos en negocio, reconexiones condicionadas y cobros indebidos.
Los apagones se sienten más como castigo que como falla técnica. Esa percepción erosiona la confianza en una institución que debería garantizar un servicio básico y justo, y convierte cada trámite en un terreno de sospecha.
Los ciudadanos denuncian reconexiones opacas, trámites interminables y respuestas ambiguas en oficinas donde hablar con un gerente es prácticamente imposible. Los funcionarios se esconden detrás de las puertas y ni siquiera se saben sus nombres, porque esa información no se entrega. A ello se suman los apagones recurrentes que nunca se explican con claridad.
La corrupción que se percibe es la suma de burocracia, falta de transparencia y malas prácticas de algunos empleados o gestores.
La consecuencia es la misma: el ciudadano se siente indefenso frente a una empresa que debería servirle.
La población ha perdido la confianza en la CFE, lo que se pierde también es la certeza de que el servicio eléctrico —indispensable para la vida diaria— está protegido por reglas claras y justas. Y lo más grave: el servicio es caro y, aun así, deficiente.
La tarea ciudadana es doble: exigir claridad y denunciar irregularidades, pero también documentar cada caso para que la crítica no quede en rumor, sino en evidencia. Solo así se puede presionar a la CFE para que cumpla con lo que promete: un servicio eléctrico digno, transparente y confiable.
Si ayer hablamos de los apagones como símbolo de un servicio deficiente, hoy hablamos de la corrupción cotidiana como el verdadero obstáculo para que la luz llegue limpia, justa y sin condiciones a cada hogar tabasqueño.