Columna Descomplicado/Jorge Robledo
México ha enviado más de 3 mil toneladas de ayuda humanitaria a Cuba. Alimentos y medicinas que buscan aliviar la crisis de la isla.
Lo que llama la atención es que, a petición del gobierno cubano, le pide al gobierno de México que deberá de guardar los detalles de esos envíos para que sean reservados por seguridad por cinco años.
La justificación, según el dictador, es evitar que grupos disidentes en Cuba boicoteen la distribución y que la ayuda se convierta en fuente de conflicto.
La pregunta que nos hacemos es legítima: ¿por qué tanta discreción y por qué por tanto tiempo? La ayuda humanitaria suele ser por lo general pública, porque se financia con recursos de todos. Sin embargo, en este caso Mexico privilegió extrañamente la supuesta seguridad en Cuba sobre la obligada privacidad y falta de transparencia.
El dilema es claro: proteger supuestamente la entrega para que llegue a quienes la necesitan, pero al mismo tiempo, limitar el derecho de la ciudadanía a conocer cómo y a quienes se le repartirán esos apoyos.
Lo que queda en la agenda es que la cooperación internacional no solo se mide en la ayuda de víveres, sino también en la confianza que esto genera. Aunque esa confianza se rompe con esas reglas que se quieren imponer indebidamente entre los dos países.