Columna Descomplicado/Jorge Robledo
El retiro de la visa a Andy López Beltrán, hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador, dejó de ser un trámite migratorio para convertirse en un show político que rebasa fronteras.
Lo que debió resolverse en un silencio interno familiar, se transformó en un escándalo con tres lecturas inevitables: victimización, publicidad y beneficio partidista.
Victimización calculada:
La carta enviada al presidente de Estados Unidos se presenta como un reclamo natural, pero el tono desmesurado —con referencias a “estilo hitleriano” y “jefes de pandillas”— convirtió la queja en dramatización. El ciudadano común se pregunta: ¿es un agravio real o un montaje para ganar simpatías?
Publicidad gratuita:
El escándalo coloca a López Beltrán en el centro de los rumores públicos. Lo que pudo ser un trámite migratorio se ha convertido en propaganda personal. El ciudadano queda atrapado en la duda: ¿se trata de un problema diplomático o de una estrategia para aparecer en los titulares y crear una cortina de humo?
Beneficio político:
El ruido mediático alimenta la narrativa de confrontación que busca y favorece a Morena indiscutiblemente.
La victimización individual se traduce en capital político colectivo. El ciudadano, confundido, no sabe si está frente a un supuesto abuso de poder extranjero o ante una jugada electoral magistral de Morena.
El verdadero problema de este asunto es que este tipo de episodios llegan a desplazan la verdadera agenda pública. Mientras se discute la visa de un hijo del expresidente, los temas urgentes —seguridad, empleo, servicios básicos— quedan relegados.
El ciudadano común se siente manipulado: ¿debe indignarse por la visa de un ciudadano o por los problemas diarios que aquejan en el país. Inseguridad, corrupción, falta de servicios médico, desaparecidos, asesinatos o hasta comunes como la falta de agua en su colonia. ¿O debe el ciudadano preocuparse por un trámite migratorio o su seguridad?
La confusión es parte del espectáculo político que se impone sobre la vida cotidiana, y el ciudadano termina siendo un simple espectador de un drama que no resuelve ninguno de sus problemas.
La visa retirada a Andy López Beltrán no es un asunto menor: es cómo los privilegios familiares se transforman en propaganda política. El ciudadano debe aprender a distinguir entre el ruido y las necesidades reales. Porque mientras unos hacen política con sus visas, otros siguen esperando justicia, empleo y seguridad.