Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Se armó toda una polémica, un debate nacional, después que Andy El Chilango López Beltrán reveló que Estados Unidos le retiró su visa, lo que le impide entrar a ese país, aunque dijo que no le interesa visitarlo; entonces, ¿por qué el reclamo?
Posiblemente, por instrucciones de ya saben quién, la presidenta Claudia Sheinbaum, gobernadores –que publicaron un manifiesto–, senadores, diputados federales, dirigentes de Morena y muchos otros, por gana gracia, mostraron su respaldo y apoyo a El Chilango López Beltrán, sin tomar en cuenta que no ocupa un cargo público, ni de representación popular o partidista, lo único sobresaliente: que es el hijo del expresidente López Obrador.
Ya se habló mucho de la carta que López Beltrán envió al presidente Donald Trump, de los señalamientos que hace en contra del mandatario estadounidense y de dos de sus más cercanos colaboradores: el secretario de Estado, Marco Rubio y el subsecretario Christopher Landau, a éste último lo calificó de “el quita visas”.
En la misiva, López Beltrán sostuvo que la revocación de su visa responde a intereses políticos y no a razones relacionadas con algún delito. Según expresó, se trata de una determinación de carácter “político, más bien politiquero y propagandístico, al estilo hitleriano”, y responsabilizó directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, y al subsecretario Christopher Landau.
López Beltrán afirmó en su misiva que siempre ha procurado conducirse bajo principios de honestidad y atribuyó esa formación a los valores que, según dijo, recibió de sus padres.
López Beltrán acusó a Marcos Rubio y Christopher Landau de comportarse como “jefes de pandillas” y los señaló por supuestamente realizar tareas de espionaje, acoso e intervención contra gobiernos y dirigentes de otros países. También cuestionó el uso de calificativos como “comunistas”, “amenazas para la seguridad de Estados Unidos” o “narco terroristas” para referirse a quienes consideran adversarios.
Hay un dicho popular que dice: “alabanza en boca propia, es vituperio” que expresa una falta de humildad y una total desfachatez; eso, sin duda, ha caracterizado a El Chilango López Beltrán.
Lo preocupantes del tema AndyEl Chilango López Beltrán, es que a toda costa la presidenta Claudia Sheinbaum lo defiende y hasta habla de la violación de la soberanía del país, aunque no sabemos si metería las manos al fuego por el tal Andy.
La mandataria aplica la ley del embudo: “lo ancho para los amigos y lo angosto para los enemigos o adversarios políticos”, y lo hace con toda la desfachatez, no guarda las formas, y lo más probable es que no le interesa.
La pregunta sería: ¿por qué cuando Estados Unidos pidió la extradición de Rubén Rocha, el senador de Morena, Enrique Inzunza y otros funcionarios del gobierno de Sinaloa, actuaron de la misma manera? Algunos analistas coinciden que se está preparando el terreno para el regreso a la política del expresidente Andrés Manuel López Obrador, algo que no sería sano, ni lo correcto; vendría a provocar la inestabilidad política y social del país, le quitaría presencia y autoridad moral y política a la presidenta Claudia Sheinbaum. Nunca en la historia moderna de nuestro país se ha presentado una situación de esa naturaleza, pero en los tiempos de Morena, se puede esperar de todo, y que “Dios nos agarre confesados” porque sería algo inédito e incorrecto.