Columna Descomplicado/Jorge Robledo
En diferentes medios de comunicación y plataformas se han criticado las cifras alegres y la destreza que la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido para ocultar la realidad que se vive en el país que, desafortunadamente, nos afecta a millones de mexicanos.
Por la forma en que la mandataria mexicana presentó su segundo informe de gobierno, en que reveló cifras de la situación que se tiene en el país y que –según asegura– vamos “viento en popa”, no reconoce errores, problemas; justifica lo injustificable.
Lo preocupante de la postura asumida por la presidenta mexicana es que estamos en el país del “nunca jamás”, que todo está resuelto, que se está superando la situación de inseguridad, salud, economía, el rezago en el campo, la industria y en todos los rubros, en los que la realidad es otra. Con la mano en la cintura, asegura que en su gobierno se acabó con la corrupción, que ya se acabaron los privilegios –que caracterizaron a los gobiernos del pasado– y que, ellos (los de Morena) “sí son diferentes”.
Es explicable la postura de la mandataria mexicana, simplemente a toda costa quieren mantener el poder, seguir gobernando (aunque no lo hagan bien) para tener los privilegios que en otros tiempos criticaron y que ahora no ven las actuaciones incorrectas o situaciones graves que muchos de los morenistas están cometiendo.
Es increíble que se asegure que las obras faraónicas que se realizaron en el mandato de Andrés Manuel López Obrador, como son el Tren Maya, la Refinería Olmeca, el aeropuerto AIFA, la aerolínea Mexicana de Aviación y el Tren Interoceánico, entre otros, se están desarrollando de acuerdo a lo programado.
¿Será que no se da cuenta?, ¿o se hace de la vista gorda?, porque todas esas obras han sido y son, un fracaso; nos han costado y nos siguen costando miles de millones de pesos; no hay poder humano que la haga cambiar de postura, son un barril sin fondo, dinero que se le destina, dinero que se pierde.
Es increíble la metamorfosis que la mayoría de los morenistas sufrieron; una vez que llegaron al gobierno, se les olvido lo que prometieron que serían diferentes, que ellos sí serían austeros, que cumplirían con sus postulados de “no Mentir, no robar y no traicionar”. La realidad es que “sí mienten, sí roban y sí traicionan”.
A los de Morena se les olvidaron las críticas que hacían a los gobiernos del pasado, por los privilegios que tenían y los actos de corrupción que se cometieron, pero ellos han resultado peores.
Todos los días en medios de comunicación y plataformas escuchamos de los excesos que están cometiendo los morenistas que están en los gobiernos federal, estatal o municipales, que justifican de manera infantil o con un cinismo preocupante su actuar.
Por ejemplo, uno de muchos que hay en el país y que recientemente se han dado a conocer, está el caso del senador Gerardo Fernández Noroña; se han difundido sus posturas cuando era opositor y aun no llegaba a las posiciones que ahora ha ocupado, que incluso lo hicieron famoso, por la actitud violenta en que se comportaba.
Ahora que está en una posición privilegiada como senador de Morena, justifica sus viajes en primera clase o la adquisición de su casa en Tepoztlán, Morelos, que alcanza los 12 millones de pesos, ahora justifica lo injustificable.
Está el caso de los hijos del expresidente López Obrador, Andy El Chilango López Beltrán y su hermano Gonzalo Boby de los mismos apellidos, que se dan vida de ricos sin haber trabajado; no se les conoce cómo se hicieron de dinero. La vida que se dan, requiere de muchos billetes.
Extrañamente, la presidenta Sheinbaum asegura que no hay elementos para que se les investigue; no los quiere tocar “ni con el pétalo de una rosa”, se encarga de ocultar cualquier vestigio de corrupción que se les señale.
Instituciones gubernamentales están siendo utilizadas por la presidenta Claudia Sheinbaum y los de Morena, para atacar a sus adversarios políticos, para proteger a sus compañeros, como ocurrió con el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, que de manera permanente, la mandataria mexicana, asegura que no hay pruebas en su contra. La pregunta sería: sí no hay pruebas en su contra, ¿por qué no le permitió regresar a la gubernatura?.
Ojalá que la gente despierte, que tome conciencia y vea que si se mantiene la misma línea gubernamental, no nos irá bien en el futuro inmediato; hace falta el equilibro de poderes, porque de lo contrario pasaremos de ser una democracia, a una dictadura perfecta.