Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Qué difícil es cuidar a un familiar o amigo con una enfermedad crónica degenerativa. En México, millones de personas viven con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica terminal o padecimientos neurodegenerativos. Sin embargo, detrás de cada paciente hay una figura muchas veces olvidada: el cuidador informal.
El cuidado informal se refiere a la atención brindada por familiares o personas cercanas sin formación profesional en salud y, en la mayoría de los casos, sin recibir remuneración. Este tipo de cuidado constituye la base silenciosa del sistema de salud en el país, especialmente en contextos donde los recursos institucionales son limitados.
En la práctica, los cuidadores informales asumen múltiples responsabilidades: administrar medicamentos, asistir en la movilidad, preparar alimentos con indicaciones especiales, acompañar a consultas médicas y, en muchos casos, brindar apoyo emocional constante. Estas tareas, aunque esenciales, suelen desarrollarse sin capacitación adecuada ni apoyo estructurado.
Diversos estudios han demostrado que quienes cuidan a personas con enfermedades crónicas presentan altos niveles de estrés, ansiedad y sobrecarga física. Incluso recientemente se ha introducido el concepto de “inflamación de bajo grado “como agente relacionado al estrés crónico asociado al cuidado informal. Esta situación puede afectar su propia salud, generar dificultades económicas e incluso impactar su vida laboral y social. En México, esta carga recae principalmente en mujeres, lo que también refleja desigualdades de género persistentes. Esta situación ya ha sido comprobada por múltiples estudios.
A pesar de su importancia, el cuidado informal continúa siendo poco visible en las políticas públicas. No existen suficientes programas de apoyo, capacitación o acompañamiento para quienes desempeñan este rol. Esto plantea un desafío urgente en un país que envejece rápidamente y donde las enfermedades crónicas van en aumento.
Reconocer el papel de los cuidadores informales no solo implica visibilizar su labor, sino también generar estrategias concretas para apoyarlos. La implementación de programas de educación en salud, el acceso a “servicios de apoyo temporal al cuidador”, así como el uso de herramientas tecnológicas como la telemedicina, podrían mejorar significativamente su calidad de vida.
Cuidar a quien cuida es una responsabilidad compartida. Fortalecer el apoyo a los cuidadores informales no solo beneficia a quienes brindan atención, sino que también mejora la calidad de vida de los pacientes y contribuye a un sistema de salud más humano y sostenible.
P.D ¿Y tú qué tan preparado te consideras para cuidar a un familiar o amigo con alguna enfermedad crónica?