Columna Descomplicado/Jorge Robledo
¡Ki birbiri!, diría el inolvidable Pedro Luis Hernández Sánchez (QEPD) en su muy leída columna Tam-Tam que solía publicar en este su diario preferido, Presente durante el siglo pasado.
Desde aquel entonces se decía en el pueblo que el miedo no anda en burro.
Y todo esto viene al caso porque pareciera ser que del fuerte espaldarazo que el director de la DEA, Terry Cole le dio al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch allá en Buenos Aires, Argentina durante la Conferencia Internacional para el Control de las Drogas –donde el funcionario mexicano fue el principal orador– una de las primeras reacciones en territorio mexicano fue la decisión del sinaloense Rubén Rocha Moya al tratar de reincorporarse a la gubernatura de ipso facto anhelando la protección del fuero constitucional.
Cole reconoció a García Harfuch como un “socio de confianza y buen amigo de Estados Unidos” destacando su trayectoria que incluye casi dos décadas de servicio en la seguridad pública de México y el riesgo personal que enfrentó tras sobrevivir a un atentado en 2020.
Ambos funcionarios Cole y Harfuch coincidieron desde aquel país en subrayar la estrecha colaboración en la lucha contra organizaciones criminales trasnacionales y la importancia de compartir inteligencia para combatir el narcotráfico.
Pero, ¿qué pudieron haber conversado estos dos personajes allá en Buenos Aires en torno a la ríspida relación entre Estados Unidos y México por las persistentes acusaciones de autoridades gringas acerca del predominio de cárteles de las drogas en nuestro país?
Hay quienes observan que el caso Rocha Moya podría haber sido uno de los temas tratados en dicho encuentro en Buenos Aires.
Y es ahí es donde surge la especulación respecto a que el gobernador sinaloense entró en pánico y de inmediato tomó la determinación de reasumir la gubernatura y con ello el fuero sin consultarle a nadie, rompiendo esquemas tradicionales y dando pie a un caso inédito: el deslinde por parte del gobierno federal, el partido en el poder (Morena), 23 gobernadores morenistas y hasta la Cámara Federal de Diputados.
Y en todo México retumbaron voces y declaraciones calificando el hecho como un "acontecimiento inédito en la historia reciente de México".
Morena llegó a considerar como (muy) "personal" esta determinación del mandatario estatal y comentó que lo hizo con los fines de recuperar el fuero brindado por su cargo y evitar una posible captura.
"No lo consultó (ni siquiera) con la presidenta Claudia Sheinbaum, con la Secretaría de Gobernación, ni con su partido político”, dijeron algunas de esas voces.
La actitud asumida por Rocha Moya fue vista como un gran desafío para el gobierno de México, para el Movimiento de Regeneración Nacional e, inclusive, para las elecciones estatales del próximo año.
"(Rubén Rocha Moya) es un lastre para Morena y está la duda sobre qué hacer con él, debido a que regresó a su puesto y recuperó el fuero. En Sinaloa hay una situación de ingobernabilidad muy fuerte, porque él es gobernador y ahora no tiene apoyo de nadie", reflexionó un analista político.
Fue tanta la presión de los principales actores políticos nacionales al deslindarse de tal decisión al extremo que el sinaloense no tuvo más remedio que solicitar, de nueva cuenta, solicitar licencia al cargo el sábado pasado.
En este contexto todo parece indicar que el destino de Rocha Moya ya está apalabrado desde Argentina: será entregado como moneda de cambio en aras de reducir la presión del gobierno yanqui que insiste en la estrategia de seguridad que las autoridades gringas han venido planteando para México.
Ya lo dijo Christopher Landau, subsecretario de Estado: "¿Están disfrutando del espectáculo…? Sírvete más palomitas, les encantará la segunda parte”. ([email protected])